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Sábado, 16 de Mayo del 2026

Los sonidos de la creación

Los sonidos de la creación

Bastó un impulso breve, un pequeño esfuerzo, y la matriz artificial, La Boba, se movió pesadamente.

Una ola de sonidos profundos, seguida por un largo zumbido, cayó sobre los habitáculos de cristal. Se propagó con el aire por toda la sala de creación, por todo el viejo templo de la ciudad de Abarím.

La matriz artificial, semejante a un gran tubo de cristal, oscilaba de izquierda a derecha con perfecta sincronización. En su interior mostraba la sustancia glutinosa y verde que guardaba desde el origen. Sus moléculas simples, primordiales, se fundían unas con otras bajo aquel zumbido continuo que las ensamblaba. Primero fueron células majestuosas. Después, tejidos. Después, órganos.

De pronto se oyó un golpeteo sonoro.

Era el golpeteo de La Vara: agrio, ronco, cascado. Lo producía un rabioso rayo de luz divina mientras delineaba los contornos de los huesos y de la carne en formación.

Después resonó el silbido rápido del Puente de Adán. Un silbido alegre, límpido, ágil, casi revoltoso. Lo producía un diluvio de chispas divinas al entregar vida y conciencia a la nueva entidad.

Luego llegaron los ecos cercanos de otras matrices que despertaban. Eran puestas en funcionamiento por las sacerdotisas elohim, allí arriba, en un viejo templo de muros rojos, oculto entre frondas.

Siempre en series de siete.

Setenta. Ochenta y cuatro. Ciento cuarenta matrices artificiales vertían sobre la ciudad del más allá las variaciones alegres y sanas de los sonidos de la creación.

Así nacieron mis hijos.

Los demonios.

 

Fragmento extraído de: El Quinto Sol – Libro II: El Heredero de los Arcángeles